#Política|23 de noviembre de 2021

El ministro de Alberto que anunció su renuncia y al final no se fue

Uno de los ministros de Alberto Fernández reunión a sus secretarios en el galpón de un ministerio para despedirse luego de las elecciones. Quién es y los reemplazantes que sonaban.

Por Edmundo Tusam

Nadie es imprescindible. Esta es una premisa que ya todos en el Gobierno de los Fernández lo saben. Desde que el suceso que movió los cimientos de la coalición oficialista, la carta de Cristina y la crisis política producto de la derrota aplastante en las PASO, que cada funcionario cuida su terruño en búsqueda de conservar su puesto y de los suyos.

 

Quienes tuvieron que abandonar el barco del Gabinete Ejecutivo fueron Felipe Solá (Cancillería), Sabina Frederic (Seguridad), Luis Basterra (Agricultura), Nicolás Trotta (Educación), Roberto Salvarezza (Ciencia y Tecnología). El vocero Juan Pablo Biondi también tuvo que ser reemplazado y Santiago Cafiero fue desplazado de la jefatura hacia su actual puesto de canciller.

 

Pasada esa semana, mermó el temor por una nueva embestida de funcionarios por la crisis económica y social. Aun así, el aire producido por la llegada del hiperactivo gobernador -en licencia- tucumano, Juan Manzur, duró pocas semanas. Es decir, en la discusión pública se reactivó la duda de cuáles eran los ministros que funcionaban -o no-.

 

En el Ministerio de Trabajo había una particular sensación de temor ante aquel panorama. "Moroni es Alberto", marcan quienes conocen la relación entre ambos, quienes se conocen desde que fueron compañeros de estudios en la carrera de abogacía en la UBA, y exfuncionarios públicos en varios cargos administrativos de gobierno. Inclusive, este lo relevó al actual Presidente en la Superintendencia de Seguros de la Nación en la década del 90. El titular de la cartera ministerial tiene experiencias en gestiones como las de Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.

 

Las dos principales cartas de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner tuvieron, en cierta manera, un apuntalamiento firme hacia ministros del riñón duro de Alberto Fernández. Tan decisiva fue la última que les costó el cargo a su vocero y a su jefe de Gabinete. Matías Kulfas, de Desarrollo Productivo, y Martín Guzmán, de Economía, resisten. La ida de Moroni sonó muchas veces. Más de la que cualquier funcionario del Gabinete aguantó.

 

"Hace tiempo hay un run-run en el Ministerio", apunta una fuente dentro de la cartera de Trabajo.

 

 

Una renuncia que no se concretó

Cuentan también a Política Hoy que en la semana previa a las elecciones, el mismo funcionario reunión a muchos de sus secretarios y subsecretarios en el galpón del ministerio para comer un asado y conversar. Ese mitin, sin embargo, tuvo otro fin: "Fue una cena de despedida", marcó esta fuente, quién teoriza que el ministro Claudio Moroni "siente un desgaste desde hace mucho tiempo".

 

El intendente de Almirante Brown, Mariano Cascallares sonó como el principal contendiente para su reemplazo. En menor medida también se habló del senador del Frente de Todos Mariano Recalde o alguien vinculado al sindicalismo del cual no se precisaron detalles.

 

El inesperado y tenue resultado electoral hizo que los cimientos del frente oficialista continuaran relativamente estables. Es decir, lo que se esperaba como la estocada final del gabinete actual, terminó siendo simplemente un resultado que fue tomado como una crítica hacia la gestión pero que no obligaba a hacer cambios de fondo en las entrañas de la gestión. Además, el contexto de crisis actual se vincula con el Ministerio de Trabajo de una extraña manera: mientras menos noticias lleguen de él, mejor. Lo que significa que los convenios se firman y los conflictos, a menudo frecuentes debido a la escala de las dificultades para concertar acuerdos entre empresariado y trabajadores, no escalan, en muchos de los casos, hasta niveles intolerables. Lo que se preveía como una salida segura, terminó por no consolidarse.

 

El futuro del ministro está por verse. Por ahora, esa cena fue un augurio equivocado y todavía queda nafta para que siga. Aun así, como siempre decimos en esta sección... puede fallar.

 

 

ET