Opinión|01 de mayo de 2022

Boleta única: una ley que nos debemos

Pocas cuestiones en nuestra agenda política se nos presentan con tanta claridad. La opción electoral más institucional, más económica y más sustentable, es la de la boleta única. 

Por Tomás Estanislao Dardanelli

Desde que existe la democracia, son incontables los distintos mecanismos que se han diseñado para que la ciudadanía exprese su voto. Hoy en día subsisten dos, el de boleta múltiple, y el de boleta simple. El primero, conocido por nosotros, y consistente en presentar una boleta por partido para que el elector elija su preferida y selle en un sobre, está presente en Argentina y Uruguay. El segundo, ya sea en papel o de manera electrónica, en todos los demás países de Latinoamérica, y en la gran mayoría del resto del mundo.

 

¿En qué consiste el sistema de boleta única? En un papel donde se listan todos los candidatos o fuerzas políticas, en pie de igualdad, para que el elector marque con una cruz la opción de su preferencia.

 

Son muchos los beneficios que ofrece este sistema en comparación al actual (no es casualidad que a éste casi todos los países lo hayan abandonado). Pero hoy enfoquémonos en tres aspectos: el institucional, el económico, y el ambiental.

 

En relación a la institucionalidad, hay mucho por ganar con la boleta única. Hoy en día, es responsabilidad de los fiscales partidarios asegurarse que haya en cada mesa boletas de su fuerza, y si las hay, que no estén adulteradas, el famoso "cuidar los votos". Con la boleta única, este problema simplemente desaparece. Siendo siempre el mismo papel, se pone en pie de igualdad a todos los partidos, grandes o chicos, nuevos o consolidados, y se defienden reglas de juego limpias para que cada ciudadano pueda votar con mayor libertad. También se evitan otras prácticas lamentables de las elecciones en nuestro país, como son el voto en cadena o la mala fe en el recuento.

 

En materia económica, hoy la impresión, traslado y organización de boletas significan un gasto enorme para el Estado argentino, y por ende, para cada uno de nosotros. Gasto que a números actuales representaría alrededor de 3.000 millones de pesos. Un país con pobreza en aumento, déficit fiscal y crisis económica como el nuestro, es un lujo innecesario que no puede darse.

 

En tercer lugar, hay que considerar el impacto ambiental. Se estima que se imprimen al menos 340 millones de boletas en cada elección, ya que en cada mesa tienen que estar presentes todas las opciones electorales. Esto no sólo significa una extracción de recursos inmensa, especialmente madera, sino, dado que el papel de color es muy difícil de reciclar, también una contaminación por descarte muy significativa. Sumémosle a ello la huella de carbono resultante del transporte de todas estas toneladas de papel, y la energía que consume su impresión y recuento, y tenemos una imagen bastante preocupante. En todos estos indicadores, una vez más, la boleta única resolvería en gran medida el problema.

 

En los próximos días una ley de boleta única puede, finalmente, ser realidad en nuestro país.  Un proyecto impulsado por la Red de Acción Política (RAP) fue levantado por Juntos por el Cambio y otros espacios políticos sin distinción ideológica (liberales, socialistas, peronistas, e incluso algunos miembros del oficialismo). El próximo jueves será tratado en una sesión extraordinaria, para la cual Juntos por el Cambio y aliados tendrían quorum, y con ello la chance de que, de presentarse una situación similar en el Senado, la boleta única sea ley.

 

La gran mayoría del Frente de Todos se opone a este proyecto. ¿Por qué razón? Porque afirman que por la importancia del asunto debería tratarse primero en comisiones, y porque interpretan que no haber consensuado el proyecto entre las dos coaliciones es un desafío de Juntos por el Cambio, para mostrar su poder y desestabilizar al oficialismo.

 

A ello se le suman algunas críticas de la academia. Aunque minoritaria, existe la opinión que la boleta única, a diferencia de la "lista sábana", no incentiva el voto de lista completa, fragmenta a las coaliciones, y obstaculiza el armado federal. Argumentan que la mayoría de los votantes arrastran su voto presidencial al resto de los candidatos, favoreciendo menos partidos elegidos, pero más consolidados, siendo ello una fuente de estabilidad. Sin embargo, es difícil de sostener este determinismo, y son muchas las herramientas de diseño de boleta que pueden ayudar a evitarlo.

 

La conclusión es clara. La realidad se impone con sus argumentos, y una ley de boleta única se vuelve necesaria. Esperemos que una clase política responsable y una ciudadanía comprometida y movilizada estén a la altura de estas circunstancias.