Opinion|31 de julio de 2022

¿El cuarto kirchnerismo?

La nueva Cristina reniega de la asistencia social, para lo cual tiene que hacer oídos sordos a su historia

Por

Juan Yannuzzi

Política Hoy

Cristina Kirchner busca despegarse del ejecutivo comandado por su elegido. La derrota en las elecciones legislativas marcó el inicio de las fricciones públicas en la fórmula presidencial, pero a partir de marzo de este año, las diferencias parecen insalvables. El compromiso de Alberto Fernández con el acuerdo con el Fondo y la lectura negativa que hace el kirchnerismo sobre el condicionamiento externo que este produce, es la gran grieta de la coalición.

 

Desde la aprobación del acuerdo que la posibilidad de una candidatura que surja exclusivamente del seno del kirchnerismo no se puede descartar. Aunque la realidad de la opinión pública le presente a la coalición un escenario que prácticamente los obliga a la unidad, de mantenerse el declive del oficialismo en todos los frentes, ya no habrá nada que perder. Inflación, dólar, minorías parlamentarias y gobernadores empoderados arma un contexto que aunque fuerza para mantener todo el apoyo político posible, les hace inevitables las fugas.

 

El movimiento político que nació en 2003 de la mano del expresidente Néstor Kirchner ha sido identificado por sus apoyos e ideas renovadoras al peronismo. Dos factores han sido claves para los cambios sufridos entre los “tres kirchnerismos”: el apoyo de los movimientos sociales y la restricción externa de la mano del contexto político económico regional. La caracterización del ex ministro Matías Kulfas probablemente excluya el mandato ejecutivo actual como un “cuarto kirchnerismo” y de igual manera piensa la heredera del movimiento. 

 

Para los miembros del Frente que están eximidos de responsabilidades de gestión su único desafío es ampliar su propia base electoral, ignorando contradicciones y posibles hipocresías. En ese camino está el Instituto Patria y el Frente Renovador, que mayoritariamente carecen de influencia directa sobre la definición de las política económica del ejecutivo nacional. Con el objetivo claro de recuperar la confianza de los electores que votaron contra Macri en 2019 el kirchnerismo busca innovar en su discurso.

 

“El relato” adjudicado al circulo de la vicepresidenta está mutando. El cambio en el discurso sobre política interna se da en cuanto a la relación con los movimientos sociales y la opinión sobre la política de asistencia social. En las últimas apariciones públicas, Cristina se ha asegurado de demostrar que en su gobierno y el de su marido se redujeron los “planes sociales”. Para ello menciona las estadísticas sobre la evolución del programa “Jefes y Jefas de Hogar” por el cual manifiesta que supieron reducirlo de 2,2 millones de beneficiarios en 2003 a 200 mil en 2015. Esta evolución negativa ignora la creación de 11 programas sociales en el mismo período (CEPAL).

 

Entre ellos es imposible no mencionar la creación y expansión de lo que hasta hace poco eran los orgullos de la política social kirchnerista: la asignación universal por hijo, las pensiones no contributivas (PNC) y las jubilaciones de ama de casa. Solo entre estos programas se contabilizan 4,6 millones de nuevos beneficiarios entre el 2003 y el 2015 (IDEAS).

 

En el gráfico se muestran tres de los programas sociales que más aumentaron desde el comienzo del primer gobierno kirchnerista. Únicamente con el aumento de las jubilaciones del 2003 al 2015 se compensa la caída en los beneficiarios del programa de Jefes de Hogar. A su vez; este fue remplazado por otros planes más focalizados, como el “Potenciar Trabajo” que contabiliza 1,2 millones de beneficiarios aunque bajo la órbita del Ministerio de Trabajo; y en cuanto a la asistencia alimentaria, la Tarjeta Alimentar contaba con 1,8 millones de beneficiarios en el 2020.

 

La evidencia demuestra que no es particularmente la asistencia social de lo que reniega el kirchnerismo. Puede que en el actual contexto social criticar a los “planes sociales” les sirva a algunas facciones el kirchnerismo y particularmente a Cristina, aunque sus decisiones hayan demostrado lo contrario.

 

El elemento principal con el cual se entiende el cambio de discurso es la terciarización de la asistencia monetaria. El kirchnerismo reniega de los movimientos sociales como intermediarios de la política social. Esta situación produce que la grieta ideológica entre un extremo como Javier Milei y Cristina Kirchner quede diluida en cuanto a la opinión sobre la administración de estos programas. Ambos coinciden en ver como positivo la descentralización, aunque siempre bajo la orbita estatal en algunos de sus niveles. En cambio, a Juntos por el Cambio, fundamentalmente por la carencia de estructura territorial en los municipios con mayor vulnerabilidad, les conviene “ganarse” a los movimientos y organizaciones sociales que gestionen los planes en los barrios.

 

El cambio en el relato kirchnerista con respecto a los planes sociales da cuenta de un cambio de contexto social donde la asistencia está en la mira. Sin embargo, no reniega de su perfil social, pero privilegiando su estatismo. El kirchnerismo parece en búsqueda de un nuevo “proyecto nacional”, uno que supo tener mejor que cualquier otro movimiento de este milenio.