Opinión|27 de agosto de 2022

La vuelta del espíritu y el nuevo diagrama de poder del Frente de Todos

El panperonismo se encontró desdibujado: La actitud del fiscal Diego Luciani le permitió reencontrarse con su imaginario. Las tres patas de la coalición oficialista juegan sus cartas. 

Por

Lucas Caraffa

Politica Hoy

La llegada del superministro Sergio Tomás Massa y la larga, pero inevitable, resignación de Cristina hacia la ortodoxia económica, marcaron el final de una época. Los sectores de izquierda del post peronismo empezaban a pensar en la huida de la coalición. ¨… no se que sentido tiene seguir en los bloques ̈ disparó la ex presidente del Centro de Estudiantes del Carlos Pellegrini, Ofelia Fernández. 

 

La tensión entre la ortodoxia y heterodoxia económica peronista, terminó, así como en el 55’ y en el 73,’ con el clásico giro hacia la derecha. Primero como tragedia… luego como farsa… 

 

Massa muestra sus tenues éxitos, o evita el gran fracaso, que a esta altura es casi lo mismo. El presidente queda dibujado a una figura testimonial, y la ex presidenta cede el tan resistido ajuste en energía, educación y salud. Los movimientos sociales y gremios marchan contra quien sabe qué. Los gobernadores rezan para que el ajuste  no caiga en las finanzas provinciales. Kicillof y los intendentes se encuentran desactivando quirúrgicamente la bomba social del conurbano. Nada sirvió para unificar al peronismo.

 

Hay un dicho en política: “Cuando el oponente titubea, hay que noquearlo.” Sin embargo, la republiqueada del fiscal Diego Luciani generó el efecto contrario. El discurso del Moro argentino, además de saciar las fantasías mas duras del gorilismo, despertó al mito histórico del peronismo: el de la proscripción de los '50, el de la Plaza del 17 de Octubre y el de la persecución en los 70´s. Poco importan los argumentos jurídicos y las diferentes visiones de los sucesos mencionados: Se logró realinear a la principal fuerza política del país. 

 

La situación jurídica de la vicepresidente le permite -como tantas otras veces- volver a calzarse el traje del mismo Perón. Así como en 1945, la amenaza de la cárcel no sirve para noquear al justicialismo, en contraste: sirve como elixir en una situación desesperante para el movimiento. 

 

El no peronismo volvió a cometer el error de siempre: en un contexto de crisis interminable, un presidente dibujado, una Cristina encrucijada y la identidad peronista resquebrajada, se dio el tupé de darle un leitmotiv para un round más.

 

El nuevo diagrama de poder del Frente de Todos quedó encerrado en tres frentes. Entre el kirchnerismo, el viejo frente renovador y el tenue armado presidencial, cada cual tiene para sí nuevas funciones y roles. 

 

Alberto se limita a ostentar el poder institucional y oficiar de Canciller en el exterior, girando por los demás países y buscando aliados; una victoria de Lula en Brasil le daría más aire para posicionarse como líder regional. Massa ejerce el poder económico y busca mejorar la situación financiera del país: evitar el colapso. El superministro tiene la oportunidad de convertir su capital económico en capital electoral, si tiene éxito en la gestión. Cambiar la imagen del panqueque por el mesías.

 

Mientras tanto, ella se instituye a detentar el poder político y convoca a todos los descamisados a copar la plaza. Todos tienen herramientas, capacidad de generar daño y de concentrar poder.

 

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