Opinión|04 de mayo de 2022

Las pancartas que quisiéramos ver en las manifestaciones

Las ausencias del peronismo y de la CGT en las históricas marchas por el Día del Trabajador, dan que hablar sobre los verdaderos motivos por los que se debería marchar en Argentina.

Por Roberto Perez

Ya estamos en la pos “esquizofrenia de domingo por la tarde” que representó la multiplicación de marchas por el Día del Trabajador, cuando el “campo popular” (sea lo que sea tal curiosa entelequia que casi nadie puede definir de buena fe, sin falacias) se dividió cual ameba para marchar por separado y no mezclar diferentes tribus, con una ausencia que brilló e hizo más ruido que cualquier presencia: la CGT, que no convocó a manifestación alguna, contrariamente a las épocas en que monopolizaba la fecha y guay del que se atreviera a hacer una movilización de otro palo… debe ser porque de trabajadores sus vetustos dirigentes ya no tienen ni los recuerdos. 

 

Apenas emitió un intrascendente comunicado, mientras el PJ oficial (o lo que queda de él) tampoco se movió, siendo que antes también hacían marchas multitudinarias (y multimillonarias, por lo que le costaban al erario público). Pero es responsable del mejor chiste del año: el de Máximo Krichner, en su carácter mandamás del partido (o de sus restos mortales) en la provincia de Buenos Aires, encabezando un plenario por “el día del trabajador”. Solo en Argentina un potentado cuya fortuna tiene origen más que dudoso y jamás trabajó de nada puede ser el organizador y orador de un acto del 1° de mayo

 

Dicho esto, creemos que es bueno pensar en aquellas cosas por las que deberíamos movilizarnos, pero no estarían incitando a las mayorías. Ya lo sé: eso de marchar lo están monopolizando algunos sectores con reclamos urgentes e impostergables (no tener trabajo y sí tener hambre, por ejemplo) pero por eso mismo podemos y debemos preguntarnos cuales son las situaciones que los dejaron así. 

 

Sin descartar la idea de que alguna vez podamos ver carteles que lo denuncien, porque la falta de trabajo, la pobreza, la indigencia, el hambre, no son sino consecuencias de otros fenómenos, esos por los cuales sí deberíamos salir a despotricar (pero nada de cortar calles con piquetes, que eso es delito, ya lo saben; dejemos el código penal al margen de esto). Entonces, les propongo que imaginemos marchas enarbolando leyendas como por ejemplo las de esta breve enumeración no excluyente: 

 

  • “¡NO AL 11% DEL COMERCIO EXTERIOR EN EL PBI!”: Esa paupérrima cifra es la participación de nuestras exportaciones en la conformación del Producto Bruto Interno, cuando si hacemos un promedio de la región, nuestros vecinos tienen uno superior al 30%. O sea que ellos comercian con el mundo más del doble que nosotros, pobre desgraciados. Si algo puede generar miseria, es semejante aislamiento internacional.
  • “¡BASTA DE BIPOLARIDAD CAMBIARIA!”: Desde hace demasiado tiempo, el tipo de cambio “de la realidad” (por llamar de alguna manera a los dólares a los que se puede acceder, los financieros y el condenado “Blue”) ha sabido hasta duplicar a aquel con el que se manejan las exportaciones. Esto genera una incertidumbre que es otro subproducto de la inflación (así como esta lo es del déficit fiscal) y hace que las empresas no sepan si el tipo de cambio que están obligadas a usar les dejará alguna rentabilidad. Por supuesto, esto provoca expectativas devaluatorias y desalienta las exportaciones, única fuente de generación de divisas y recursos legítima; no la “maquinita” de emitir dinero de juguete ni la compulsión a tomar deuda. 
  • “¡SUPEREMOS EL NEFASTO 16%!”:  Las inversiones totales anuales en la Argentina están alrededor del 16% del PBI, menos que los países cercanos, donde superan el 23% del producto bruto. Eso es menos empleo y menos riqueza; ¿qué otra cosa podría ser?
  • “¡I+D PARA TODOS, TODAS Y TODES” !: Si quieren lo pongo así, en ese neo cocoliche que llaman “lenguaje inclusivo”, a ver si hay más posibilidades de que esto tenga un poco de difusión extra. La inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) en Argentina es de solo el 0,5% del PBI anual (hubo épocas de 0,2% también) mientras que aquí al lado, en Brasil, es del 1,4%. Y no hablemos de lo que se invierte en esto que es igual a decir “tecnología” en los países más desarrollados: 3% promedio. La UNESCO aconseja que esa inversión llegue al 5%. Corea del Sur e Israel lo hacen casi a ese nivel. Así que cuando vean a alguno de nuestros simpáticos y cerriles izquierdo-populistas despotricando sobre un supuesto e imaginario “colonialismo tecnológico” que sufrimos por parte de países más favorecidos, explíquenle con los mejores modales que puedan que si eso sucede es porque hay países con gobiernos y empresas que invierten en I+D (díganselo con algún ejemplo que puedan entender; por ejemplo: es lo que se usó para crear la fotocopiadora de esa universidad pública donde va a vegetar y ensuciar paredes). No es ninguna conspiración de cofradías malévolas, y aún si lo fuera, éstas deberían invertir mucho en I+D para llevar a cabo sus pérfidos propósitos. Si aquí no tenemos eso tan indispensable hoy, es por culpa de los políticos que ellos eligen. 
  • “¡SALGAMOS DEL 0,3%!”: Esa pequeñez es la participación de Argentina en el comercio mundial, aunque en cuanto a alimentos tiene un más respetable 2,3%. Como sea, son cifras insignificantes respecto al potencial argentino en la materia. Y ni hablar si nuestro llorado “Mercosur” fuera algo más que un refugio de ñoquis de clase internacional y burócratas que ni ellos saben para qué están ahí: podríamos unir fuerzas con Brasil y ser el mayor polo exportador agroindustrial del planeta, sobre todo si sumamos a Paraguay y a Uruguay, cuyos complejos agroexportadores (no me hablen simplemente de “campo” a secas, que eso ya no existe) están viviendo una verdadera explosión, gracias en gran parte a que ganan mercados que Argentina pierde por culpa de sus políticos. Y en este momento en que la invasión rusa a Ucrania ha desactivado lo que era “el granero de Europa”, estaríamos dominando el mundo, o poco menos.

En fin, esas son las pancartas que sueño con ver alguna vez, porque reclaman por las causas, y no solo por las consecuencias de nuestros males. Pero sé que no las veré en este plano de la existencia. Será en otra vida, aunque si voy a tener otra, preferiría que no fuera en Argentina… no es por nada, ¿vio?